martes, 19 de septiembre de 2017

ENTRE LA VERDAD Y LA FICCIÓN

El derecho humanitario debe prevalecer. Atoyac, sometido al abuso de poder
Por Jorge Luis Falcón Arévalo
“Cuando la política promete ser redención, promete demasiado. Cuando pretende hacer la obra de Dios, pasa a ser, no divina, sino demoníaca”. -Cardenal Joseph Ratzinger, hoy Papa Benedicto XVI-

El respeto a los Derechos Humanos es inalienable, personal y exclusivo. El respeto a los valores, empieza cuando el que debe prodigarlos, se quiere asimismo; obtiene el respeto y el valor de su propia familia.
En tanto, la ética está relacionada con el estudio fundamentado de los valores morales que guían el comportamiento humano en la sociedad, mientras que la moral son las costumbres, normas, tabúes y convenios establecidos por cada sociedad. Una persona con esas dos virtudes, es un ser humanitario. Respetuoso.
La sociedad exige respeto y una autoridad responsable, debe responder a ese respeto haciendo valer la Ley y los Reglamentos. Responder con prestancia, calidad y responsabilidad. Las interacciones, alianzas y acuerdos entre gobernantes y gobernados, para generar y crear oportunidades para corregir, reparar y solucionar los problemas de los ciudadanos; además, para construir las instituciones y normas necesarias para generar esos cambios provechosos y benéficos, eso se llama gobernanza.
Cuando la gobernanza, está sometida y enajenada al autoritarismo, al importamadrismo, bajo la palabra autoritaria, despótica y abusiva de un ser que actúa más bajo los influjos de sus caprichos y sus desórdenes mentales, no existe gobierno. Deja de ser una autoridad respetable.
Los dos últimos gobiernos municipales de Atoyac de Álvarez, no han entregado cuentas transparentes en sus presupuestos, ni obras de calidad en aulas escolares; mucho menos han cumplido con las normas gubernamentales en las entregas de fertilizantes, ni otros menesteres estatales. Demandas judiciales, calles sin ser pavimentadas, alumbrado público ausente, caminos destrozados, banquetas y calles invadidas de un comercio semifijo usurero, codicioso y egoísta. El gasto corriente, es una cartera de uso personal y no como la Ley lo exige, dar seguridad y beneficios a la población.
Los hombres que han mal administrado este municipio cafetalero, no han sido individuos de bien, de sana costumbres. Perdieron el juicio, les ganó y carcomió el alma la ambición, la avaricia, la mezquindad.
Los deterioros de Huracanes pasados aún prevalecen sus daños y cicatrices, no han sanados en hechos provechosos para los afectados. Las cuentas por saldar son demasiadas; pero las acciones provechosas se ven acotadas por negaciones, apetencias monetarias y otras debilidades de seres inhumanos que convocan a dios; pero gobiernan con el mal, con el diablo, con Judas, con el desprecio y la ofensa hacia su pueblo y al derecho humanitario.

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