martes, 22 de noviembre de 2022

DE ADICTO A ADICTO

 Por Ernesto Salayandía García

La bola de nieve

Yo no puedo decir que conocí el programa de Alcohólicos Anónimos porque iba al grupo a calentar la banca y luego me casó por segunda ocasión y mi problema con la cocaína y el alcohol es muy fuerte, el nivel de compulsión era muy alto y el alcohol comienza a generar en mí una celotipia infernal, los demonios de los celos, pensamientos picopalas, psíquicos, enfermizos, me secuestran, y secuestro a mi mujer, le doy propiamente un infierno, ella, cansada de los pleitos, de los panchos, la inmadurez de mis actos, además, de tanta incongruencia, me pone un límite y me dice.-

Tienes que hacer algo con tu manera de beber, por qué estás bebiendo todos los días y te pierdes, o haces algo con tu alcoholismo, me sentencio, y me reto.- o nos divorciamos, y ante esta advertencia, busqué la manera de internarme en Oceánica, ubicada en el puerto de Mazatlán, como buen adicto, puse mis condiciones y entre otras cosas me permitieron un cuarto para mí solo, así como llevar mi máquina portátil, donde supuestamente yo iba a escribir la historia de mi vida, llegué a la clínica crudo, deprimido, secuestrado por mis emociones y mis celos, creí, que era un proceso de desintoxicación, al principio comencé enterarme de qué era el programa de Alcohólicos Anónimos, había conferencias, sesiones, juntas, lectura, películas, pláticas con los terapeutas y dinámicas espirituales, en el llamado círculo de la serenidad, donde chocaban las olas de una manera espectacular, fue ahí cuando comencé a conocer los 12 pasos del programa de Alcohólicos Anónimos o más bien a saber de ellos.


Palabra, no cumplida


Yo le había prometido a mi esposa que me había internado en la clínica para derrotarme ante el alcohol y en las juntas me costaba mucho trabajo decir.- Hola soy Ernesto y soy un enfermo alcohólico, en la clínica no le dije a nadie que era un cocainómano en potencia, ni todo lo que había generado en mí la droga, como los delirios de persecución y mi celotipia infernal, cuando salí de Oceánica me prendí aún más de la cocaína y aun así seguí yendo a grupo  de AA, pero definitivamente, la droga me tenía muchas sorpresas preparadas yo no podía parar y entre más me metía más quería, de diez a quince pases al día.- Logré engañar a mi mujer respecto a mi adicción a la cocaína, hasta después de 7 años que me hicieron un antidoping con engaño y el resultado fue sorprendente, ya para ese  entonces, mis fondos de depresión y delirios eran frecuentes y drásticos.- Me volví loco.


La enfermedad, en 

vivo y a todo color


Toque fondos muy crudos y desagradables, busque ayuda y determine internarme en un centro de rehabilitación para drogadictos y alcohólicos en la ciudad de Chihuahua.- Este encierro, fue otro severo fondo de mi enfermedad, me la pasé negado por más de dos meses, protestando toda la serie de incongruencias qué hay  detrás del  el proceso de tres meses a puerta cerrada , llegué pesando menos de 50 kilos, anémico, desnutrido, deprimido, con problemas económicos, de imagen y lleno de miedos, y el primer fondo que toque, fue el cigarro yo me fumaba casi  3 cajetillas diarias y ahí sólo nos daban a veces tres cigarros por adicto, dormíamos  en el suelo en colchoneta, con almohadas súper sucias, con los pies de alguien en mi cabeza y los pies míos en la cabeza de otro, con las pompis de otro en mi espalda y en mi pecho, éramos más de 120 adictos amontonados y arrinconados en un anexo, llamado centro de vida.- La comida, el caldo espiritual, era repollo con agua y una tortilla, de cena frijoles con gorgojo, sin sabor y en las mañanas, avena sin azúcar, a veces una pieza de pan duro y seco.


Un mundo nuevo, 

por demás raro


La primer noche que ingrese después de la maratónica bienvenida de tres horas, me metieron al cuarto, que era dormitorio, donde propiamente era una alfombra de cuerpos y de ahí caminando,  pisando a muchos de ellos, de los adictos, me metieron al baño, donde había 17 adictos, en un reducido baño con dos escusados, tres regaderas, un lavamanos y una tina para los orines, estaba sumamente apretado, quiero decirte, que de los 18 adictos que estuvimos esa noche ahí, el único sobreviviente soy yo.- Todos murieron, la mayoría, de sobre dosis de heroína.


Una incongruencia

 tras de otra.


Viví en vivo y a todo color el síndrome de supresión, quitarle a mi cuerpo la botella de vodka, que me bebía a diario, la gran cantidad de cocaína, de 10 a 15 pases, también quítale la morfina sintética que me inyectaba, 3 mg en la mañana 3 miligramos en la tarde y 3 mg en la noche, más a ese cuerpo, déjalo sin el tafil y las pastillas antidepresivas que me suministraba todas las noches y por supuesto las casi 3 cajetillas de cigarros que me fumaba durante el día, de inmediato,  me pegó y muy fuerte el síndrome de supresión, ellos no sabían de este tema y yo mucho menos, cada vez que iba a obrar, sangraba a chorros, arrojaba coágulos de sangre, estaba asustado, aparte, un dolor de huesos insoportable, que no me dejaba estar tranquilo ni un instante y en la desesperación, hacía una lucha porque me sacaran e hice el intento de mandar un fax, así como recados y mensajes a muchas personas de afuera, pero ellos se daban cuenta de todo y tiro por viaje, me daban silla,  la silla es un método de ayuda, castigo, que le dan a los ingobernables como a mí y la ayuda consistía en qué el padrino, director del centro, los apoyos, así como,  el primero, segundo y tercero de anexo, el primero, segundo y tercero de guardia,  el primero, segundo y tercero de cocina, el enfermero y otros más, tomarán la tribuna para insultarte y denigrante, las típicas frases y palabras eran sátrapa de m***, hijo de tu puta madre, malnacido, cara de homosexual reprimido y tantas y tantas groserías ofensivas, sin que tú te pudieras mover y protestar porque si lo hacías así te iba a ir y cada vez que era la ayuda muy seguido, me castigaban durmiendo en una silla de aluminio frente a una pared y llegaron a ponerme dos marcapasos, dos adictos que cuidaban de todos mis movimientos, por supuesto, sin cigarros y otros privilegios.


Un proceso lento y doloroso


No me parecía adecuado la terapia de adicto a adicto. se la pasaban todo el santo día con ayudas y bienvenidas, las bienvenidas eran para adictos que habían terminado el proceso, pero por desgracia habían recaído, el número de recaídos era y es impresionante y las tribunas eran más de lo mismo, el mismo historial, el mismo sonsonete y los mismos enfoques,  de cada una de ellas para mí, era muy incómodo estar sentado por más de 8 horas de junta en un tablón, como también era muy molesto,  dormir en el suelo y con los cuerpos pegados al mío, bañarme al mismo tiempo con 15 internos que apenas si cabíamos en las tres regaderas que habían. El hacer mis necesidades con público, me irritaba sobre manera, el caldo espiritual, la comida, era todos los días, supuestamente este plan de desnutrición, era para valorar, cuando la realidad de las cosas, mi cuerpo llegó anémico, desnutrido y mi nivel de ansiedad era altísimo.  nada que ver con la pésima alimentación que ahí nos daban y hoy en día, esta historia tiene vigencia en infinidad de anexos.


El síndrome de supresión


El encierro y el mar de incongruencias que ahí viví, aumentaron, mi negación creció, mantuve en resistencia y no quería, ni derrotarme, ni aceptarme como buen enfermo, alcohólico y drogadicto y después de muchas sillas de castigo, después de muchos hechos en contra de mi persona, el padrino, un día subió a la tribuna, con un ejemplar en sus manos, del recién terminado de mi libro, Radio Causa y Cause y empezó su tribuna con insultos, a denigrarme, a humillarme y a insultarme, invitándome a que me derrotará, que me rindiera ante mi enfermedad me gritaba derrótate.- Me gritaba, derrótate, hijo de tu puta madre.- Ríndete ya hijo de la chingada.- Pinche soberbio de m*** y así fue durante 2 horas de su intervención en contra de mi persona,  yo no entendía, ni comprendía ante que me tenía que rendir, y  ante que me tenía que aceptar,  por supuesto,  que ahora sé, pero no estoy de acuerdo en esa metodología, que incluso hoy en día, se repite en infinidad de anexos y tanto escuché a los compañeros adictos qué decían se manifestó el Jefe, el Jefe me lo mandó, porque así lo quiere el Jefe, porque es cuestión del Jefe y un día sentí esa fe en mi interior y entré a un cuartito reducido que era el guardarropas y de rodillas le baje al Jefe y le pedí con el corazón en la mano diciéndole señor si tú quieres que salga voy a salir Señor, si tú quieres que me quede le voy a entrar, hágase Tu Voluntad y no la mía me llene de emoción y sentí una sensación muy grata, cómo jamás pude haber sentido, con ningún tipo de droga en mi interior, me puse de pie y al salir se manifestó la tribuna y comencé a llorar y hablar y hablar de mis dolores, de mis resentimientos, de mis miedos y de mis angustias, desahogue el cúmulo de emociones torcidas y me sentí muy liberado, por la noche, le pedí a Dios que me iluminará y me guiará para saber el por qué me había convertido en adicto y comencé a escribir y escribir y de esta manera fue como empecé a conocer el programa de los 12 pasos de Alcohólicos Anónimos.- hice y sigo haciendo el Primer Paso.

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