miércoles, 9 de enero de 2013

MEMORÁNDUM

Por Gerardo Ruano Cástulo
*** Astudillo, pone el dedo en la llaga; crisis de liderazgo en el PRI

Los hechos demuestran que Cuauhtémoc Salgado Romero no es el más eficiente dirigente que el PRI haya tenido en Guerrero. Los comentarios del diputado Héctor Astudillo Flores, en los que lo ubica como un político arrinconado y que no tiene poder de convocatoria, es el fiel reflejo de que no es garantía de unidad al interior de ese instituto político. Se ha perdido el respeto hacia ese liderazgo, lo que evidentemente, no conviene en nada al partido tricolor, si es que aspira a buscar ganar la gubernatura en el 2015.
Así es. Después de la derrota que sufriera el PRI en las urnas del primer domingo del mes de julio del año pasado, no se planteó la salida de Cuauhtémoc Salgado de la dirigencia estatal, en virtud de que tenía poco tiempo de haber asumido las riendas y las candidaturas prácticamente estaban asignadas. No se le cargó parte de la responsabilidad y se le dejó continuar al frente, a efecto de que comenzara con el trabajo de reconstrucción.
Sin embargo, ha cometido pifias que han generado inconformidad e incrementado los conflictos al interior de ese partido político. No ha tenido la habilidad y el tacto para poder concretar la unidad e iniciar un proceso real de reconstrucción y reagrupamiento. Su afecto por el Grupo Figueroa, del que es protegido, le ha nublado la vista y eso lo ha venido dejando sin el respaldo de grupos importantes que trabajan al seno del PRI.
El dejar actuar como un francotirador al diputado Rubén Figueroa Smutny, le ha generado una enorme crisis de liderazgo. Sus recomendaciones y llamados se los ha pasado por el arco del triunfo el mentado tigrillo de Huitzuco. Y lo que es peor, permite que el junior sostenga que le cuestionan la forma y no el fondo de las cosas, como dejando entrever que lo mueve el valor de la transparencia y la honestidad en la feroz lucha que ha emprendido en contra del diputado federal y ex alcalde de Acapulco, Manuel Añorve Baños, cuando en el fondo del asunto, las personas cuerdas y con sentido común, saben que nunca puede hablarse de principios, cuando detrás de todo se oculta la mezquina lucha por el poder.      
El mismo cinismo de Figueroa Smutny ha dejado mal parado a Cuauhtémoc Salgado, quien luce como un dirigente al servicio de un grupo político, y que peor aún, estaría buscando sacar raja de los linchamientos políticos, pues no en vano ya hasta le crearon su cuenta de Facebook con el rotulo de los amigos de Cuauhtémoc, por aquello de que dizque sueña con buscar ser Gobernador.
Por eso, son totalmente entendibles los comentarios del diputado Héctor Astudillo Flores al etiquetarlo como un dirigente arrinconado y sin poder de convocatoria. Sus decisiones y omisiones dolosas le han dejado sin el respaldo de diferentes actores políticos, quienes hoy ven que tienen una dirigencia en crisis. Cuauhtémoc Salgado ha dejado de ser garantía de unidad al interior del PRI. Y lo que menos convendría a ese Instituto Político, si es que aspira a competir con fuerza para ganar las elecciones en el 2015, es mantener a un dirigente, que en el balance, ha restado más de lo que ha aportado para ese partido político.
Lo expuesto por el legislador Astudillo Flores es muy claro. No hay confianza en el actual liderazgo. Se le ha perdido el respeto. Un partido, con la presencia que tiene el PRI, no parece estar en las manos más adecuadas. El dirigente está echado en brazos del grupo que legó una herencia karmatica, con lo de aguas blancas, que el partido tricolor no acaba por pagar. Esa es la cuestión.

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