martes, 12 de septiembre de 2017

ENTRE LA VERDAD Y LA FICCIÓN

Crisis de partidos VS crisis de representación
Por Jorge Luis Falcón Arévalo*
“Siempre es más valioso tener el respeto que la admiración de las personas” - Jean-Jacques Rousseau- 
Es claro que los partidos políticos partidos fracasan han entrado en crisis tanto política, como de sus representados; cuando dejan de ser el enlace entre la ciudadanía y el Estado. Se pierde la gobernanza.
Y, los representantes en vez de ser entes de la política, se convierten en personas insensibles, mitómanas, cleptómanas y demás enfermedades mentales, propias de un ser codicioso y analfabeto con poder. Sin embargo; la crisis de estos actores políticos además de remitirse al funcionamiento del sistema en general, también es de tipo endémico. La crisis de los partidos se ha visto afectada por diversos factores que vienen con la modernización y la preparación académica y educativa de la plebe, la masa. El pueblo, pues.
Los procesos continuos de desarrollo social, cultural y económico han contribuido a que las sociedades sean cada vez más complejas, más urbanas, educadas e industrializadas. Más despiertas, cuando observan que los proyectos y programas, se pulverizan en manos de funcionarios ambiciosos. Gobiernos emanados de partidos sin planeación de un país en desarrollo. Éste solo queda en el discurso, porque la realidad de crisis y pobreza económica golpea de frente al grueso de la población.
Esta crisis de credibilidad en los partidos, ha sido creada por los mismos hombres y mujeres (las juanitas), que están siempre en la misma vitrina. Estos “maniquís” que desde hace más de 50 años, han usufructuado y explotado para su personal beneficio los dineros de la nación. Con solo respetar los principios fundamentales de cada partido, eso aliviaría, un franco desarrollo en la gobernabilidad y la justicia.
Los pleitos y creaciones internas de diversos grupos, es una clara manifestación de estos trances. Y, resulta claro, que los mismos personajes que se catafixian de un partido a otro, son causantes de esta fobia y antipatía a los diversos “plurales y democráticos” organismos en manos de sátrapas, caciques y amos de horca y cuchillo, que impide la democracia. La realpolitik, el equilibrio, la paz, no llega… se esfuma con esos mismos rostros que algunos de ellos se han convertido en carteles de la política.
Es por ello que resulta importante analizar o refundar la utilidad y funcionamiento de estas instituciones que son inherentes y esenciales a la democracia y fundamentales en un sistema representativo, lo cual nos lleva a la reflexión sobre el futuro y calidad de la democracia en México. La solución no son las candidaturas independientes, porque estás ya están gangrenadas, sin respeto a sus estatutos.
Tal como lo destacó –en su momento- el escritor Eduardo Galeano: “En un mundo que prefiere la seguridad a la justicia, hay cada vez más gente que aplaude el sacrificio de la justicia en los altares de la seguridad. En las calles de las ciudades, se celebran las ceremonias. Cada vez que un delincuente cae acribillado, la sociedad siente alivio ante la enfermedad que la acosa. La muerte de cada malviviente surte efectos farmacéuticos sobre los bienvivientes. La palabra farmacia viene de phármakos, que era el nombre que daban los griegos a las víctimas humanas de los sacrificios ofrendados a los dioses en tiempos de crisis”.

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