jueves, 25 de octubre de 2018

La molienda de caña, una tradición que aún perdura en Tecpan


(Con información de Carlos Gutiérrez Benítez)
La siembra, cosecha, procesamiento y elaboración de productos derivados de la caña de azúcar, fue una actividad importante hace dos décadas para los habitantes de varias comunidades de la parte media y alta de la sierra de Tecpan, informó el productor de caña de la comunidad de Primer Agua, Manuel Rosas Reyes, quien desde hace más de 60 años junto con su familia trabaja en su propia molienda. 

Manuel Rosas Reyes, jefe de la familia y heredero de esta tradición, dijo que todos los miembros de su familia, hombres, mujeres, jóvenes y niños tienen una tarea específica en estas labores que inician a las cinco de la mañana. 
Indicó que la mejor época del año para la siembra de la caña es durante los meses de septiembre y octubre y se cosecha un año después, y agregó que aunque ya no es un negocio producir la caña de azúcar, la familia continúa con las moliendas más por orgullo que por ganar dinero.
Explicó que antes las moliendas se realizaban en las comunidades de La Caña, El Para, Fincas Viejas, La Hacienda, Potrero de Carlos, Tierras Blancas, El Toronjo, Zintapala y El Llano, que están por el rumbo de Santa María.
El productor de caña dijo que para la siembra no usan químicos ni otro tipo de productos, “porque usarlos altera el jugo de la caña y los productos no saben igual, todo se hace de forma natural”, apuntó.
Dijo que para obtener el jugo, la caña se muele en un trapiche movido por bestias, “como se hacía antes, ya que hoy se usan motores eléctricos o de gasolina. 
El jugo se almacena en un tanque del que posteriormente va a dar a la caldera donde se calienta hasta hervir, dando como resultado una pasta suave que llaman melaza y con la que se elaboran otros productos como panochas, charamuscas, panochitas de ajonjolí o melado. 
El productor mientras explicaba el procedimiento se sentó junto a la boca de la caldera para echar bagazo seco de caña que usa como combustible para avivar el fuego, mientras tanto, una de sus hijas limpia el bagazo con el que va a envolver las panochas que llevará a vender al mercado.
 “Cuando la caldera silba”, dijo Manuel, es la señal que anuncia que el jugo comenzó a hervir. 
En otra área, está Gregorio Rosas Moreno, hijo de Manuel, que corta fajas de xoyamiche que usará para amarrar los bagazos de panochas. 
El asegura que actualmente ya no es negocio trabajar la caña. “Hace unos 20 años, durante la temporada de producción de enero a marzo, la familia vendía en Tecpan unos mil bagazos, hoy, si se venden 100 es mucho, porque la gente ya no quiere la panocha, porque prefiere la azúcar, que es más dañina al cuerpo”. 
Tres horas después, las mujeres de la familia empiezan a trabajar con sus manos la melaza.
 Antes, lavaron los poches, (moldes de barro en forma de cazuela), en las que vacían la melaza para que se formen las panochas. 
Una vez que se obtiene la melaza, ésta se vacía en la canoa, un recipiente ancho de madera, donde Fernando, hijo de Gregorio, la mueve hasta que espese y quede a punto para echar a los poches, donde tarda de 10 a 20 minutos en endurecer, para después empaquetarla en bagazos de 8 pares, 16 piezas, y venderlos a 50 pesos cada uno.



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