martes, 16 de abril de 2019

Don Fernando Bravo Solís y doña Rosa Farías el telégrafo y su amor por Zihuatanejo

“Mis padres fueron Fernando Bravo Solís, oriundo de Petatlán; mi mamá, Rosa Farías de Bravo, una hermosillense hermosa y distinguida.

Mi padre nació en una cuna orgullosamente petatleca, el 8 de julio de 1901, dentro de un hogar lleno de humildad, trabajo, sencillez y espíritu de servicio, pues en casi toda la costa las familias se dedicaban a la agricultura, como una forma digna de manutención.

En la salida de su niñez y en la entrada a su adolescencia, mi padre recuerda que sólo estudió hasta el tercer grado, que era el servicio educativo que se prestaba, siendo su gran profesor Bartolomé Peregrino Orbe, en la casona de adobe y teja que se encontraba en el centro de la población petatleca, exactamente donde hoy se encuentra el ayuntamiento, a la que la población entera la llamaba “La Constiturial”, siendo su enseñanza un poco más que la escolarización actual.
Para reforzar las coordenadas de la historia, recordemos que mi padre vivió cuando se inicia y se desarrolla el episodio nacional de la llamada Revolución Mexicana, lo que se puede traducir como calendarios de sobresaltos, inquietudes y zozobras, pues no sabías en que momento cambiarían los vientos de la libertad, de la lucha social y de la presencia de revolucionarios, a favor o en contra de Don Porfirio Díaz; posteriormente los sucesos maderistas, carrancistas, los brincos que pegaban las circunstancias revolucionarias con Emiliano Zapata y Pancho Villa, hasta llegar a las presidencias de don Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles, y arribar al México institucional, con el mejor presidente nacional, que es don Lázaro Cárdenas del Río, entre 1910 y 1940.
Más tarde, mi abuelo inscribió a sus hijos en una escuela particular, que por iniciativas de las maestras Elena y Amalia Martínez Chávez, de grandes y emotivos recuerdos, habían puesto al servicio de la sociedad costeña petatleca.
Hasta que mi abuelito, siempre previsor y con una aguda visión, les dijo a sus hijos:
-Miren hijos, aquí sólo pueden dedicarse a dos cosas, ¿Quieren ser sacerdotes o telegrafistas?
Y esto salía a colación porque ellos tenían dos tíos que se dedicaban a estos trabajos y mantenían una gran influencia social en su población. En Petatlán son bien reconocidos y recordados entre los ancianos… ¿Quién no se acuerda del padre Bravo?
Y mi papá luego luego dijo:
-¡Yo quiero ser telegrafista!
Y así, a los trece años empezó a aprender y a ayudarle a su tío en el telégrafo, que era un oficio muy bien pagado en esos tiempos, descifrando y aplicando la Clave Morse a la comunicación humana.
Así fue que en una mañana llena de sol y de aire del calendario de 1915, a nombre de las tropas de Silvestre Mariscal, revolucionario reconocido en todo el Estado de Guerrero y más tarde gobernador de la entidad, al cual pertenecía el capitán Guillén, que a su vez resguardaba esta plaza revolucionaria, cuando sus simpatizantes fueron a pedir permiso, en su nombre y a su favor, a mi abuelo, para que su hijo viniera a Agua del Correo para ayudarles con el telégrafo. 
 En este lugar ya había habido telegrafistas, de manera temporal, pero estos tuvieron que salir por las diferentes condiciones que imponía la revolución.
Y mi abuelo consentía que mi papá se trasladara y se ubicara durante una o dos semanas a ayudar al pueblo en Agua de Correa, puesto que había la sospecha fundamentada de que el buque de guerra denominado “Guerrero” atacaría por estas coordenadas litorales. 
 De esta manera, llevando y trayendo la instrumentación del telégrafo, mi padre iba y venía entre la hermosa Llanura Costera del Pacífico, virginal e incomparable, dentro de la Costa Grande guerrerense.
Posteriormente y cuando los avatares del destino así lo permitía, llevaban en caravana humana a mi padre a Petatlán, lo que les servía a todos como un paseo de la época, entre un horizonte de flora y fauna boscosa incomparable, agradeciendo el servicio comunitario prestado y aportado por mi padre.
Para el año de 1916, las fuerzas revolucionarias del general Rómulo Figueroa, con un batallón de Yaquis del Estado de Sonora, desencadenó una arrolladora campaña en esta región, que apaciguara las rebeliones, efímeras o duraderas, que surgían por las inquietudes de cambio social. Así mi papá vislumbró la oportunidad de continuar una carrera laboral, de acuerdo a sus ilusiones, y más porque las circunstancias y coyunturas comunitarias hacen convergencia en su persona, pues el general Rómulo Figueroa, destacamentado militarmente en Petatlán, le pide a mi abuelo el permiso y la colaboración para que su hijo se integrara a sus filas como telegrafista particular, razonando y valorando este oficio para las causas revolucionarias y convenciéndolo de que su hijo no correría ningún peligro ni riesgo alguno al desempeñarse en el telégrafo.
 De esta forma y al lado del telegrafista titular que ya laboraba en este regimiento, fue incorporado oficialmente al 7º Batallón de Infantería, bajo las órdenes del coronel Rogelio Flores, que era el comandante de estas fuerzas militares. Más tarde y para 1918, este militar fue relevado en el mando por el general de división Fortunato Maycotte, que imponía el dominio militar desde Chilpancingo.
Meses después y estando de paso entre Salina Cruz Oaxaca hacia Manzanillo Colima, el general Maycotte, una vez que reconoce la labor de mi papá como telegrafista, tiene a bien valorar sus aportes a la causa revolucionaria y recomendarlo con el director general de telégrafos, el señor Mario Méndez, que lo nombró en firme como Telegrafista del Ramo, habiendo obtenido diversos nombramientos dentro de la escala laboral de este sistema de comunicación, pues pasó por los nombramientos como operador, o como Ambulante del ramo, hasta llegar a Jefe de oficina de telégrafos.
Pero para llegar a este nivel de servicio tuvo que participar en diversas gestas y en las campañas más álgidas de la Revolución Mexicana… como cuando en Iguala fue partícipe en hechos de armas, en 1920, y construyendo una línea telegráfica entre las poblaciones bastante alejadas para su tiempo, entre Teloloapan y Huetamo Michoacán, por indicaciones e instrucciones del general Álvaro Obregón, que a su vez avanzaba con sus fuerzas sobre la población de Cuernavaca… así hasta que los acomodos revolucionarios tomaron su cauce histórico y entramos en una relativa paz nacional.
Para este tiempo empieza a ser un peregrino de la comunicación telegráfica, pues atendiendo a las disposiciones oficiales recorre diversas escenografías geográficas de nuestro México lindo y querido. Oaxaca y Chiapas tienen su presencia y servicio de comunicación, siendo un destacado y valiente constructor de líneas, después cursa su trabajo en la Ciudad de México, Baja California y Sonora, cuyas experiencias le van forjando una gran personalidad y conocimiento de la geografía mexicana y los desdoblamientos comunicativos que van beneficiando a nuestra sociedad y acrecentando sus conocimientos técnicos y profesionales, que más adelante le va a redituar valoraciones muy valiosas y un círculo de amigos y compañeros inolvidables. Así llega ser “Manejador de fondos”, saliendo con banderas desplegadas por su eficiencia pero sobre todo por su honradez, lo que siempre fue nuestro gran orgullo familiar, pues fue reconocido por sus superiores y por sus compañeros en esta hermosa aventura de la vida.  
Y aquí viene lo bueno, que toma la esencia de nuestra existencia… mi papá llega como telegrafista a Hermosillo Sonora, en 1930… cuando mi madre llegó a poner un telegrama a su oficina, ella dice que cuando le entregó el papel del telegrama, mi papá le tomó la mano para no soltársela jamás… duraron cuatro años de novios y más de cincuenta años de casados, como una pareja hermosa y ejemplar… se casaron en el 33 en la catedral de Hermosillo, para formar un matrimonio ejemplar, amoroso y eternamente hermoso.
 Y mi papá era tan romántico, tan bello, que todos los sábados le llevaba serenata a mi madre.  Siendo que al lado de la casa de mi mamá vivía María Félix, la gran diva del cine mexicano y encanto de belleza mexicana…
- ¡Pero las serenatas eran para Rosa! – afirmaba mi mamá, muy ufana. 
Entonces mi papá, que ganaba muy bien como telegrafista, llegaba en un camión de redilas junto a la Orquesta Hermosillense, para llevarle serenata a mi madre. Ella tan hermosa… él tan bello y costeñote.
Y mi padre siempre pensando y soñando en llegar a trabajar y a residir en Zihuatanejo. Por lo que mi abuelita le decía y le pedía a mi madre:
-¡No te vayas Rosa, allá te va a llevar a lavar al río! – ante la decisión inalterable de mi madre.
En el 33 mi padre solicitaba su cambio a este hermoso lugar. Pero la decisión de los directivos fue otra; lo mandaron al Istmo de Tehuantepec, donde permaneció por cinco años. Y ahí, bueno, mi mamá era tan inteligente, tan activa y tan emprendedora, que aprendió a bordar  como las oaxaqueñas… por ahí tenemos las fotos donde aparece con su vestimenta bordada magistralmente por ella misma. 
Después enviaron a mi papá a una nueva adscripción… y durante el año de 1938 trabajó en San Jerónimo, tratando siempre de ser eficiente en el servicio telegráfico, que para el tiempo que les correspondió vivir era una alternativa insuperable y valiosísima para todas las comunidades donde se presentaban estos equipos, pues se encargaba de llevar las noticias más alarmantes o los sucesos familiares, institucionales y comunitarios más esperanzadores y románticos, como nacimientos, bautizos, declaraciones amorosas, matrimonios e invitaciones a toda la gama de costumbres y tradiciones mexicanas, lo que permitía que nuestros telegrafistas fueran muy valorados en sus zonas de trabajo… y de ahí, ahora sí, en una hermosa mañana del 9 de septiembre de 1939, mis padres llegan a Zihuatanejo, que los recibe con los brazos abiertos. 
Llegan a vivir en una casita, que era de los Rodríguez, y que creo ahora es de la familia Meneses. Ahí estaba el telégrafo y el correo, y ya mi papá traía el nombramiento como jefe de telégrafos. Más adelante se separan estas dos oficinas, y pasamos a vivir donde era la comisaría de Zihuatanejo, ahí había sido la Hacienda de Inguarán y después fue la presidencia… y poco a poco empezaron a llegar las cigüeñas, con sus pedidos amorosos e inolvidables, pues fuimos naciendo Rosa María, Socorro, Fernando y su servidora, que gracias a Dios, fuimos la familia más feliz de la tierra, tanto por el amor de mis padres como por vivir en este paraíso divino… fue un sueño maravilloso…
Mientras tanto, mi mamá tenía una cocina preciosa, con unos barrotitos por donde se veía, todo el día, el mar… y la playa era nuestro patio, porque nomás abríamos la puerta de la cocina y salíamos corriendo rumbo al agua. 
Mi papá fue un hombre maravilloso, era muy inteligente, guapo, culto, educado y un gran ser humano, pues había andado por casi toda la república… telegrafista y ayudando siempre en las comunidades adonde trabajó y sirvió con atención y cariño. Y mi mamá traía muchos sueños y deseos para este lugar, a tal grado que ella fue la primera presidenta mujer del Club de Leones, en Zihuatanejo, porque como toda norteña era una fémina de gran valor y decisión. 
Ya estaba aquí mi padrino Salvador Espino, que lo recibe con alegría y esperanzas en su trabajo… y luego luego gestionando el ejido, adonde invitan e incorporan a mi padre en el padrón, junto a otros petatlecos que ya residían aquí, y con los que habían sido vecinos, adonde, según contaban, jugaban con los huesos de las vacas, pues no había juguetes en ese tiempo, ni en que entretenerse.
Y nosotros tuvimos siempre una gran ventaja, porque como mi papá era el telegrafista, entonces necesitaba y tenía una plantita de luz que daba el servicio a la casa, casi todo el día y hasta las ocho de la noche. Después compró una lámpara de gasolina, a un barco carguero, que transitaba por estos lugares, aparte de los quinqués de aceite y petróleo que teníamos todos los pobladores de Zihuatanejo. Y todos los días estábamos alrededor de la mesa, esperando que mi papá le soplara y le pusiera el cerillo a la lámpara para que encendiera, en una emulación fantástica de aquellas magias de Macondo con José Arcadio y Aureliano Buendía, lo que se convertía en un ejercicio fabuloso y fantástico, para el tiempo en que vivíamos.
También teníamos un jardín primoroso, porque mi mamá siempre soñaba con tener una área lleno de flores, y era muy cuidadosa y amorosa con sus plantas… teníamos baño, pues mi papá conseguía y compraba muchas cosas a los barcos que pasaban por aquí, y con una gran visión por haber recorrido gran parte de la república trabajando, trataba de acomodarnos lo mejor posible, adelantándose a su tiempo. No había agua entubada y pública, pero él se las ingeniaba y ponía botes enormes y podíamos tener hasta regadera en la casa… había fosa séptica, imagínense, teníamos baño. 
Y en un día común, el telégrafo abría a las ocho de la mañana, y aquí aparecen dos personajes muy importantes para Zihuatanejo: el señor Santiago Gutiérrez, que ya trabajaba en el telégrafo desde que antes que yo naciera, y Chema, que era muy conocido aquí y que trabajó con mi papá durante muchísimos años, pues mi padre les fue enseñando poco a poco las rutinas y el manejo del telégrafo, y ya tenían prendida la planta de luz y desempeñaban su trabajo con una gran vocación de servicio, de la misma manera venía a aprender y a practicar el maestro Daniel Bravo, también un joven que es hermano de Martha Sotelo, el mayor, y Luisito Olvera, que fueron aprendiendo con el paso del tiempo.
 Mientras tanto, en la banca de madera de mi padrino, afuera de su casa, que era el centro de la plática comunitaria y donde se forjaron hermosos sueños y realidades para Zihuatanejo, se reunían por la tarde, los sábados y los domingos, los señores Salvador Espino, Fernando Bravo, Alfonso Palacios, don Guillermo Leyva, Amador Campos Ibarra, el señor de Garrobos, papá de Raúl, entre otros igualmente importantes, para ver, planear y soñar como mejorar a nuestro Zihuatanejo tan querido, con sus corazones de oro veían que hacía falta y cómo lo iban a hacer para realizar las obras de mejoramiento comunitario… era maravilloso.
De manera complementaria permítanme rememorar que mi hermosa madre venía de Hermosillo, y que junto a su hermano y tres hermanas habían estudiado en el colegio que los generales Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles habían fundado en ese lugar, para los hijos de las viudas que quedaron de la revolución, que era de orden militar y muy estricta en sus rutinas escolares, y como mi abuelita había quedado viuda desde muy joven, pues ellos tenían derecho de asistir a esta institución educativa; de esta manera, mi abuela los dejaba a las ocho de la mañana y los recogía por la tarde, pues ahí llegaban a desayunar y a comer diariamente, lo que era una gran ayuda en la economía familiar. De esta manera, mi mamá y mis tías estudiaron la primaria durante el día y por la tarde asisten a sus clases de repostería y belleza, y cuando llegan a residir aquí, pues se topa con que no había salones de belleza, y que era un sitio y un tiempo ideal para que ella hiciera las permanentes, los cortes de pelo y toda la línea de belleza femenina que había en esos calendarios.
 A la vez y confiada en sus conocimientos de repostería, empezó a elaborar unos pasteles riquísimos para todo tipo de eventos, a pesar de que ya había algunas panaderías, como el caso de la mamá de Caritina Galeana, que tenía una en Agua de Correa y que Cari venía a vender, pues en esos años mi preciosa mamá llegó para regalar a sus amistades y vender a sus clientes estos sabrosísimos pasteles, de tal manera que en la gran mayoría de los casamientos que hubo en la época, el pastel era hecho por mi mamá, que en muchas ocasiones llevaba hasta La Unión, donde el capitán Jorge Bustos le hacía el favor de llevarla en su avioneta, lo que le agradecemos profundamente, a nombre de mi familia.
Tenía una cocina extraordinaria, donde aunque no había luz, pero yo veía que en la madrugada y teniendo a mi papá como su guardián, cuidaban la elaboración de los pasteles en un horno de tierra que trajeron de Alemania,  que hasta la vez conservo, junto a sus fogones inolvidables y el comal mágico que lograban hacer lucir a mi madre querida en sus ensueños de cocina, con otra magia familiar, pues su cocina tenía unos barrotitos de madera cuya vista iba a dar al mar, lo que volvía muy inspirador y gratificante su trabajo.
Y ya se venían los cumpleaños de mi papá, y para recibir a sus hermanos que venían en camioneta, puntualmente, de Petatlán, preparaba unas ollotas llenas de ceviche y de langostas, junto a los guisos que ofrecía a todos los invitados en fechas tan memorables para mi familia y amigos.
Y todos eran conocidos por ser una población pequeña, todos eran compadres, todos se enviaban y regalaban un saco de esto, y correspondían y mandaban con un saco del otro… así vivían y convivían, regalándose de todo lo que se producía y cultivaba aquí… cierro los ojos y aun disfruto y me estremezco de tanta ternura y tanta felicidad.
Y atendiendo a esta historia, sabiendo que mi mamá junto a su familia acostumbraban ir a misa, puntualmente, allá en Hermosillo, se presenta la circunstancia que aquí no había una parroquia, y que de vez en cuando venía un sacerdote que hacía el servicio religioso en casa de doña Panchita Mendoza, que está pegada con la casa de todos ustedes, y que se despierta esta inquietud en la conciencia y sensibilidad de mi madre… y nace la idea de gestionar y construir la iglesia, por lo que con Alfa Bravo, mis madrinas Esperancita y Sarita Espino, Gloria Leyva, María Pimentel, Aurora Palacios y sus hermanas, así como de cerca de veinticinco hermosas mujeres de la época, lograron conseguir el terreno que donó don Carlos Barnard, por influencia de don Darío Galeana, y se llega a tener Nuestra Parroquia de la Señora de Guadalupe, vigente hasta la fecha… por obra y gracia de estas bellas mujeres, a las cuales les debemos tanto.   
Para 1945 y en una nueva aventura existencial mi papá se queda encargado de la estación radio-telegráfica que permite la mejor atención hacia el público, pues reducía los tiempos de la comunicación… después se amplía este servicio comunitario con un nuevo equipo y se escala a la radio-telefonía y telegráfico, con sus aportes técnicos más adelantados y actualizados. 
 Pero los tiempos existenciales cumplen su cometido, y mi padre tiene que cerrar su ciclo laboral… ¡misión cumplida!... se retira y se jubila un memorable día 1º de mayo de 1972 en que las oficinas de telégrafos pasan bajo otra dirección… mi padre, con la satisfacción enternecida y la frente en todo lo alto, entrega el servicio a las generaciones que lo procederán en esta vocación comunicativa.
Pero el sentimiento de servicio paternal no tan sólo no deja de extinguirse, sino que con ánimos renovados y sueños de humildad, mi papá desempeña gratuitamente su labor en la oficina de mejoramiento local, rindiendo cuentas hasta del último centavo que pasó por sus manos y administración, ante el ayuntamiento azuetense, a cargo de don Eladio Palacios.
Con esta seguridad y como consecuencia institucional, Fernando Bravo es nombrado gerente general del hotel Calpulli, entre el 23 de enero de 1973 al 5 de enero de 1976, en que se cierra la auditoría que se le practica a su gestión de forma inmaculada, y que reconoce la honradez y la eficiencia de mi héroe de la vida, que da por cerrada su vida laboral, vistiéndonos de orgullo a su familia y a sus amigos. 
Gracias papá por tanta honra y dignidad… gracias mamá por tu ejemplo y decoro… gracias a los dos por tanto amor, cariño y ternura para sus hijos”.



4 comentarios:

  1. ¡Qué historia tan conmovedora! Un Zihuatanejo, unos valores y un amor familiar que no debemos de dejar en el olvido.

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  2. Que agradable cronología de una parte de este Zihuatanejo que a muchos ya nos cautivó y nos hace parte de este paraíso. ¡ Felicidades!

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  3. Me encanto leer esta dulce e importante cronica de tiempos irrepetibles y magicos de este paraiso cuando 'Todos eran compadres'! Tuve el honor de haber podido conocer algunas de estas personas que mencionas, incluyendo el abuelo de Noyo, tu tio Salvador Espino y el Capitan Bustos y otros. Personajes de epocas pasadas y engendras de una intensa belleza unica de la Costa Grande. Gracias por escribirlo!

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  4. Thank you for helping us learn more about the recent history of this wonderful part of the world.

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