miércoles, 30 de octubre de 2019

EL FILÓSOFO DE GÜÉMEZ

“Pa’ Vida De Morirse… ”
Por Ramón Durón Ruíz (†)
Einstein con la sabiduría que le caracterizaba, afirmó: “Existen dos maneras de ver la vida: una es pensar que no existen los milagros y la otra pensar que todo es un milagro.” Para el viejo Filósofo eso es la vida y la muerte… un milagro.

La vida, porque te recuerda que “el pasado es como el panteón: es bueno visitarlo de vez en cuando… pero no quedarse en él”, y la muerte, porque te ayuda a valorar el milagro de la vida.
Cuando vives el hoy en torno al poder del amor, interpretas la plenitud de esa dualidad indisoluble que es la vida y la muerte, tu ser completo –mente-cuerpo-alma– se redimensiona, llega a ti una metamorfosis, en la que nada es igual.
El ser humano, en todos los tiempos, buscando interpretar lo abstracto ha estudiado y querido desentrañar el misterio de nuestra eterna compañera: la muerte, y en vez de encontrar respuestas, nos han llegado más interrogantes. No hemos entendido que la vida y la muerte son el arte del encuentro… porque ambas parten del amor y tienen la fuerza de la divinidad. Y es que el tema de la muerte está entre los enigmas, misterios, temores e incertidumbres que innatos del ser humano, causan desasosiego. 
En México, que somos un país cargado de una rica cultura y policromas tradiciones, celebramos el 1 y 2 de noviembre, el Día de los Fieles Difuntos y Todos los Santos, como el encuentro reconciliado con los seres queridos que se nos adelantaron a rendir cuentas al hogar Paterno. 
La celebración del Día de Muertos está llena de una sincrética combinación que se abastece de la cultura prehispánica, en donde el culto a la muerte jugaba un papel definitivo sin connotaciones morales y la religión católica transmitida por los conquistadores, en la que muerte simboliza renacer a una nueva vida. Así, la conquista española hizo un rico mestizaje de cultura europea y tradiciones indígenas, empatando las festividades del Día de los Fieles Difuntos y Todos los Santos con las creencias prehispánicas surgiendo nuestra sui géneris celebración.      
Es tan particular el festejo del Día de Muertos de los mexicanos, que en 2003 la UNESCO, lo declaró como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad, considerando que: “es una de las representaciones más relevantes del patrimonio vivo de México y del mundo […]”. 
Esta “fiesta de fiestas” gira actualmente en torno a dos ejes: La Noche de Brujas o Halloween, de origen celta con fuertes raíces en Canadá y Estados Unidos, que gracias al poder, la televisión y del cine, se ha adoptado en algunas regiones del norte del país, en donde los niños salen a las calles disfrazados con atuendos macabros (que de acuerdo a la tradición buscan espantar a los espíritus malignos), a la vez que casa por casa van gritando: ¡queremos Halloween… queremos ‘jalogüín’!, esperando ansiosamente los dulces que les son obsequiados y depositados en su calabaza de plástico, haciendo de ellos el más suculento festín gastronómico.          
Este uno y dos de noviembre nuestros ancestros, en un destello de preclara inteligencia nos han legado simbolismos, ritos y tradiciones en torno al Día de Muertos, que por el misticismo que encierran se han convertido en patrimonio intangible de la humanidad.
Dentro de los miedos más arraigados del mexicano está la muerte; podemos hablar de ella en el de al lado, pero no en nosotros. Si hacemos juegos malabares con la calaveras y vestimos a la muerte de colores, la caricaturizamos o nos reímos de ella, no es porque nos burlemos, es porque es una forma de quitarle poder y tener la posibilidad de acercarnos a ella.
Lo anterior me recuerda cuando el viejo campesino de Güémez fue a visitar la tumba de su mamá, ahí se encontró con el Virulo quien le reclamó: 
— ¡Oye Filósofo!, cuando se murió el “Cotico”, no fuiste al panteón; tampoco fuiste cuando se murió el “Tarura” y tampoco asististe cuando murió el “Parrino”… 
— Es que a mí –respondió el Filósofo– no me gustan los entierros, ¡ESTARÉ EN EL MÍO NOMÁS POR PURA NECESIDAD! 
El viejo Filósofo respeta a la muerte, pero a pesar de ello dice:
“Se está muriendo mucha gente… que no se había muerto antes”
 “Antes de morir… prefiero la muerte”
“El que anda hecho madre se muere…y el que no también”
“Los que de jóvenes no se mueren…de viejos no se escapan”
 “Si el que muere pasa a mejor vida… ¿por qué nadie quiere morirse?”
 “Pa’ vida de morirse… hay que estar vivo”

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