viernes, 11 de octubre de 2019

ZONA CERO

*En el PRI, de los aspirantes nadie la tiene segura
Roberto Santos
Después de que Manuel Añorve Baños rindiera su informe de labores, los comentarios en corrillos políticos es que prácticamente tiene amarrada la candidatura a la gubernatura por parte de su partido.
Es cierto que varios políticos de talla local y nacional lo arroparon.

También que el famoso Alito, el dirigente nacional del PRI, en su discurso señaló que el senador tiene “futuro”, algo que para muchos sonó a destape y un espaldarazo al “chaparrito cabrón”.
Pero esto no es así, porque no por mucho madrugar amanece más temprano.
Ni tampoco quien va rápido y adelante es el que triunfa.
Y no es en automático que las cortesías políticas se trasforman en respaldos a la hora de las decisiones mayores.
Esto es así porque están en la jugada más personajes políticos y grupos internos y externos que esperan la oportunidad de sumar fuerzas con su gallo.
Lo hemos mencionado, en el PRI hay más aspirantes que van a dar la batalla en la definición del candidato para la gubernatura.
El diputado Héctor Apreza, es pieza clave del grupo de René Juárez Cisneros. 
También está enlistado el secretario de Desarrollo Social del gobierno del estado, Mario Moreno Arcos, quien tiene apoyos internos en el PRI y externos a su partido.
Ambos se han movido siguiendo el consejo que los viejos políticos aplicaban. La de no apurar sus reacciones ante una acción. 
Esta se debe reposar, porque la política es fría, decían con justa razón.
Que Manuel Añorve haya cosechado miles de aplausos y vítores durante su espectacular informe puede ser bueno para hinchar su ego, pero los mismos que hoy aplauden mañana pueden aplaudir a otro, o de plano abuchear a quien sus líderes digan.
Es decir, la política también es engaño. 
En la política –agregan otros– la realidad puede mentir
Y ay de aquellos que se confían de los líderes que hoy apoyan a uno y mañana a otro, porque la naturaleza del poder es acomodaticia y todos quieren estar con el vencedor.
La conclusión es que no hay nada seguro para nadie, por más eventos de relumbrón que monten para apantallar al respetable. 
La competencia parece haber iniciado y los priistas deben pedir que la lucha por la candidatura no termine en “acuerdos rencorosos”.

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