martes, 23 de febrero de 2021

MEMORÁNDUM

 *** Presidencialismo al mil.

Gerardo Ruano Cástulo.

¿Para que haber hecho, una cartilla moral de la pomposa 4T, si al final del día, la única ley que vale, es la simple palabra del preciso, sin importar si tiene o no la razón?  Y es que, si pudiéramos definir la línea gubernamental de los poco más de dos años del gobierno federal, la resumirlas en que el  Presidente López es la ley.

No hay otra realidad, más la que él dicta. Está prohibido contradecir sus dichos, aunque haya razones y sustentos para hacerlo. Desea el control total, y se dice democrático. Guarda y reserva información, pero se dice transparente. Su gobierno tiene fuertes observaciones de la auditoría superior, pero él tiene, como siempre otros datos. Trabaja para desaparecer todo lo que fiscalice su gestión, con el pretexto de los ahorros. Ni decir, todos los dichos que le han estallado en la cara, por las ocurrencias durante la pandemia, a la que según él, tiene domada desde hace más de medio año. Así ha sido la tónica de más de dos años. Repartiendo culpas por dondequiera. Fomentando la división. Según él, nadie tiene el sagrado derecho para cuestionarle. Ni siquiera poner en duda sus dichos. Quienes le renunciaron, no debieron estar a la altura de ese nivel de presidencialismo. En México, desde hace más de dos años, el Presidente López hace su propia fiesta. Dicta línea y desacredita a quienes están en desacuerdo. Justifica a quienes le son servirles. Mete las manos al fuego por quienes tiene compromisos. Minimiza todo acto de corrupción de su gente; con la coloquial frase, del no somos iguales. No cabe la ley. Bueno ni su cartilla moral. La única ley es la del presidente. Solo él tiene el poder de perdonar y culpar. De decir quien tiene méritos y quién no. Solo él tiene la razón, con su libro de los otros datos. Nadie puede juzgar su gestión. La auditoría superior cometió pecado mortal. Así como el INEGI, cuando exhibe datos duros del retraso que ha crecido en los últimos dos años. Solo alabanzas son permitidas para el Rey que camina desnudo. Ya chole con que el combustible subió. Ya chole con lo de Félix. Ya chole con el incremento en la canasta básica. Ya chole con lo de las vacunas. Ya chole, con todos los cuestionamientos, porque al final del día, la única palabra que vale es la del preciso. En el mundo de los otros datos, los anteriores eran peores. Ellos robaban más. Creo que por eso, aunque  diga ya chole, le preguntan si un candidato de su partido, con fuertes acusaciones, debiera bajarse de la contienda. Entre sus correligionarios, sobra decir, que solo sus chicharrones truenan. Así, en un México, con un presidencialismo al mil

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